Es difícil sobreestimar el impacto que tuvo el debut de Stevie Ray Vaughan, Texas Flood, tras su lanzamiento en 1983. En ese momento, el blues ya no estaba de moda, como lo era en los años 60. Texas Flood lo cambió todo, escalando al Top 40 y pasando más de medio año en las listas, algo prácticamente inaudito para una grabación de blues. Vaughan se convirtió en una verdadera estrella y, al hacerlo, desencadenó una revitalización del blues. Este fue un impacto monumental, pero sus críticos afirmaron que, sin importar cuán prodigioso fuera su talento instrumental, no forjó una voz distintiva; en cambio, llevaba sus influencias a flor de piel, ya fueran los solos precisos pero vigorosos de Albert King o la voz emotiva de Larry Davis. Hay algo de cierto en eso, pero ese era en cierto modo el objetivo de Texas Flood. Vaughan no ocultó sus influencias; las celebró, insuflando aire fresco a un género familiar. Cuando Vaughan y Double Trouble grabaron el álbum en tres días en 1982, ya había tocado sus listas de canciones incontables veces; sabía cómo darle la vuelta a este material o darle un toque más intenso para lograr el máximo impacto. El álbum tiene el ritmo de un concierto de club, comenzando con las dos mejores canciones de Vaughan, “Love Struck Baby” y “Pride and Joy”, para luego dar paso a un par de versiones, la canción principal, de ritmo lento, y una emocionante interpretación de “Tell Me” de Howlin’ Wolf, antes de llegar al clímax con “Dirty Pool” y “I’m Crying”.
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