Walter Becker y Donald Fagen fueron artistas extraordinarios desde el principio, como lo ilustra el debut de Steely Dan, “Can’t Buy a Thrill”. Cada canción está construida con precisión, con acordes y melodías elegantemente entrelazadas, alentadas por letras ingeniosas y crípticas. Todos estos son sellos distintivos del sonido característico de Steely Dan, pero lo más destacable del disco es cómo se diferencia de sus álbumes posteriores. Por supuesto, una de las diferencias más notables es la presencia del vocalista David Palmer, un vocalista profesional de soul de ojos azules que interpreta los pocos temas donde toma la iniciativa. La sola presencia de Palmer señala el principal defecto del álbum: en un intento por atraer a un público amplio, Becker y Fagen moderaron sus impulsos más salvajes con técnicas de pop convencional. En consecuencia, hay muy pocos de los toques de jazz que caracterizaron sus álbumes: el sencillo rompedor, “Do It Again”, sí que trabaja con un ritmo de jazz latino impresionantemente preciso, y “Reelin’ in the Years” tiene solos de guitarra y armonías jazzísticas. La producción es excesivamente pulida, adaptándose a todas las convenciones de la radio de principios de los 70. Claro que esto le da a estas canciones, decididamente retorcidas, un toque subversivo, pero en cuanto a la composición, no son tan innovadoras como sus trabajos posteriores.
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