Era casi inevitable que I’m in You se considerara una decepción, por muy bueno que fuera. Tras uno de los álbumes más vendidos de la década, Peter Frampton se enfrentaba a una tarea prácticamente imposible, aún más difícil por el hecho de que, en los dos años transcurridos desde su última grabación, había evolucionado musicalmente, alejándose de algunos de los sonidos de Frampton Comes Alive. El resultado fue, en general, un álbum sorprendentemente relajado, repleto de lirismo y maestría, especialmente en el uso de múltiples sobregrabaciones, incluso en los temas más rockeros. Desde los primeros compases de “I’m in You”, dominados por el sonido del piano (interpretado por Frampton) y una sección de cuerdas generada por un sintetizador ARP, en lugar de una guitarra, quedó claro que Frampton estaba explorando nuevas facetas de su música. Temas como “Won’t You Be My Friend”, una pieza de funk blanco que quizá habría funcionado mejor con seis minutos de duración, parecían peligrosamente cercanos a la autocomplacencia con sus ocho minutos. Entre los momentos más destacados también se incluyen el tema que da título al álbum, “Don’t Have to Worry”, y una magnífica versión de “Signed, Sealed Delivered (I’m Yours)” de Stevie Wonder; un par de temas de rock sólidos, “Tried to Love” y el contundente “(I’m A) Roadrunner”, también se abren paso aquí para aumentar la tensión y la emoción.
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