El segundo álbum de la banda (y lamentablemente la última) está armado como si de un ciclo de películas se tratara, no como una única función dramática, a pesar de que las canciones de inicio y de fin funcionan como los créditos iniciales y finales de un film. En todo caso, podría tratarse de una sola película que contiene otras tantas. Ya desde la portada nos invita a participar de la fantasía propia del quehacer cinematográfico: internarnos en una historia que nos es ajena pero que atrapa desde el saque.
Nuevamente los instrumentos rebosan prodigio y todo se torna matemático, sin que por ello carezca de pasión. A pesar de que muchas de las composiciones son firmadas por varios integrantes (a diferencia del primer disco en el que todas las canciones están firmadas por García), la capacidad de ensamble de la banda resulta francamente demoledora.
Este será el último disco de La Máquina de Hacer Pájaros. Luego, con el fin de la década de los setenta y el devenir de unos ochenta algo más plásticos en sonido, Charly García sucumbirá ante el pop inteligente y optará por mecanismos más directos de sonido, aunque antes se dará un tiempo para sintetizar los aportes melódicos de Sui Generis y la locura instrumental de La Máquina de Hacer Pájaros en esa bella banda llamada Seru Giran.
Tres canciones básicas: Hipercandombe, No te dejes desanimar y Qué se puede hacer salvo ver películas

